Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en que existió un pequeño templo en la llamada Punta de s’Eglèsia Vella, la punta de la Iglesia Vieja, situada un poco más allá del actual puerto deportivo. Allí acudían los habitantes a escuchar misa cada domingo, hasta que un primero de mayo, justo cuando todos los fieles acababan de salir de la iglesia, ésta se derrumbó cayendo por el acantilado, campana incluida. El hecho de que no se produjera ninguna víctima ni herido se tomó como un milagro y en honor de él, cada primer domingo de mayo llegaban hasta la localidad, procedentes de toda la isla, carros engalanados y payeses vestidos con sus mejores prendas.

Hoy, el desfile de carros se ha convertido en el principal evento del Primer Domingo de Mayo, fiesta declarada de Interés Cultural. Una buena oportunidad para los visitantes de conocer la belleza y singularidad de los trajes tradicionales ibicencos, donde sobresale la emprendada, el espectacular conjunto de collares de oro o de plata y coral que cubre el pecho de las mujeres. Entre las muchas actividades programadas no faltan la tradicional degustación de buñuelos, orelletes y vino; el baile payés y una interesante demostración de ucs, los gritos con los que antiguamente se comunicaban los campesinos ibicencos que se hallaban separados por una larga distancia.