Blancas. De líneas puras y sencillas. Íntimas. Y con un carácter intencionadamente defensivo surgido tras tantos siglos de rafias, invasiones, ataques y saqueos. Los perfiles de nuestras iglesias, despuntando en mitad del campo ibicenco, conforman una de las imágenes emblemáticas de la isla. Una postal de la Ibiza de siempre que enamora y difícilmente es olvidada por el viajero. De entre todos los templos de Santa Eulària des Riu, el menos conocido por los visitantes es sin duda el levantado en Jesús, núcleo urbano próximo a la ciudad de Ibiza.

Los orígenes de este templo se remontan a mediados del siglo XV, cuando se vio la necesidad de dar servicio religioso a las familias de pescadores que vivían fuera de las murallas de Ibiza. De esta época es el retablo mayor que guarda en su interior, en el presbiterio, una de las máximas joyas del patrimonio histórico artístico de Ibiza. Compuesto por 25 tablas pintadas en el taller valenciano de Rodrigo y Francisco de Osona en el año 1498, la obra representa la Madre de Dios de la Leche y aunque es de estilo gótico tardío, muestra en su ejecución y composición detalles propios del inicio del renacimiento italiano del Cinquecento. Más allá de esta pieza de gran valor, la iglesia conserva elementos característicos de las iglesias pitiusas, como la nave única, el coro, las capillas laterales y el porxo o porche, añadido a finales del siglo XIX.