Fenicios, romanos, árabes y catalanes pasaron por la isla dejando tras de sí sabores, aromas y elaboraciones que el paso del tiempo filtró y cocinó, lentamente, hasta crear un recetario muy nuestro. Los adobos y escabeches, el azafrán, la canela y la miel; los sofritos y picadas presentes en nuestros guisos y arroces; e incluso el bacalao, llegado con los barcos que venían en busca de nuestra sal, son ejemplos de las influencias que entraron en nuestra cocina y se quedaron para siempre entre los fogones. Todo un viaje gastronómico que asoma en los platos tradicionales de la isla, como la borrida de ratjada (guiso de raya), el bullit de peix, la frita de pulpo, el arroz de matanzas, el bullit de porc (guiso de cerdo), los calamares a la bruta, la ensalada payesa con crostes (trozos de pan duro) y bacalao u otros pescados secos, la olla de habas, el arroz con coliflor y gerret

El mismo camino han recorrido los dulces, con deliciosas especialidades como los buñuelos, la greixonera, una especie de pudín elaborado con ensaimadas; las orelletes, el flaó, con esa particular diálogo de sabor entre el queso de oveja y la hierbabuena; o la contundente salsa de Nadal, un curioso dulce que no puede negar sus raíces árabes. Elaborada con almendras, huevos, miel, canela, clavos y caldo de pollo o gallina, esta crema espesa se toma durante las Navidades acompañada de bescuit pagès, un pan dulce elaborado especialmente para la ocasión. Tradiciones dulces y saladas que hoy también son filtradas con las influencias de nuestros días dando lugar a nuevos platos creativos con la mira puesta tanto dentro como fuera de la isla. Como siempre ha sido. ¿Te unes a este delicioso viaje por tantos siglos de mesas en común? Que aproveche…